El cuarto estaba en silencio.
La luz de la luna caía sobre Adrián desde la ventana y acentuaba los rasgos de su rostro.
Miró a Elena, lleno de emociones difíciles de nombrar, y se inclinó para secarle la lágrima del rabillo del ojo.
Desde que había descubierto todo aquello, cada vez le resultaba más difícil saber cómo enfrentarla.
Faltaban menos de diez días para concluir el divorcio, pero él tenía cada vez más claro lo que quería.
No quería divorciarse. Por nada del mundo, aunque no sabía qué h