Elena se detuvo y asintió.
—Soy su hija.
El guardia les hizo una seña.
—Un momento. Hace unos días vino alguien, supongo que de la familia. Se le cayó algo frente a la lápida y lo encontró la persona de limpieza. Se lo puedo dar a usted.
Elena pensó que debía pertenecer a quien había dejado las flores.
El guardia le entregó una bolsita con cordón y sonrió.
—La estuve mirando y no supe qué era, pero parece valiosa.
Elena abrió la bolsa. Una pieza de metal del tamaño de una uña cayó sobre su palma