—¿Y cómo va el desarrollo de tu taller? —preguntó Adrián.
Elena ni siquiera volteó a verlo y respondió con frialdad:
—Mejor que nunca. Sin ti en mi vida, hasta el mundo se ve más bonito.
Por lo menos ya no había nadie repitiéndole que Casa Aurelia era un negocio insignificante y sin futuro.
Su tono estaba cargado de veneno.
No tenía la menor intención de mostrarse amable; lo único que quería era hacerle sentir cada palabra.
—¿Vas a participar en el concurso? —preguntó él mientras miraba por la v