Capítulo 18
Cuando terminó la cena, bastaba con ver la satisfacción en el rostro del señor Vargas para saber que las negociaciones habían salido bien.

El grupo bajó junto. Julio fue por el carro, mientras Adrián se apartaba para contestar una llamada.

El viento nocturno ya no tenía aquel frío de antes y rozaba el rostro con una suavidad agradable.

El señor Vargas se acomodó el saco y se volvió hacia Elena.

—Señora Elena, de verdad tengo que agradecerle lo de esta noche. Sin usted, dudo que hubiéramos cerrad
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