Cuando Julián despertó aquella vez, sus supuestos familiares rodeaban la cama.
Lo observaban con curiosidad, sorpresa y envidia.
Nadie mostraba preocupación por él.
Ni siquiera Federico. Sus ojos negros seguían siendo tan impenetrables como siempre.
Julián volvió a verlos. Estaba otra vez en ese lugar.
Después de haber conseguido diez años de paz, ¿todo iba a terminar así?
Lo detestaban. Deseaban verlo muerto.
¿Por qué lo habían traído por la fuerza y arrancado de la vida tan hermosa que tenía