Con el corazón acelerado, Elena le envió un mensaje privado a Patricia.
“Señora Patricia, muchas gracias por hablar a mi favor y por valorar mi trabajo. La admiro desde hace mucho. Quisiera saber si podría visitarla. Espero no causarle ninguna molestia.”
Después de enviarlo, apretó los labios y se quedó mirando la pantalla.
La respuesta llegó pronto.
“Claro.”
Fue breve, pero bastó para hacerle un nudo en la garganta.
En un solo día, dos figuras a las que admiraba habían salido en su defensa.
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