Serhan fue a la sala y se acercó a Feride.
—No vuelvas a encerrar a mi esposa.
Feride alzó una ceja, sin inmutarse.
—Hablas como si esa mujer te importara.
—No se trata de eso.
—Te diré de qué se trata, esa muchacha aún no ha aprendido a comportarse como la esposa de un Karahan.
—Es una estudiante, no una prisionera.
—¿Y qué crees que pensarán los demás si la ven vagando sola por la ciudad, sin tu compañía? ¿Qué clase de imagen proyectará de ti, de nosotros?
Serhan exhaló con impaciencia y se