Capítulo 23: Promesas.

Maximiliano suspiró, casi en el rostro de Amelia.

—No creo que lo mejor seas que le grites a tu madre, Amelia.

—No le iba a gritar —mintió—. Es solo… exasperante, solo es eso.

—Lo sé, pero gritarle no hará que nos colabore.

—¿Y qué lo hará entonces? Cuando quiere, es un dolor de cabeza, si dice que no, es no, especialmente cuando se habla de su religión. —Amelia suspiró, toda aquella situación la mantenía en un estrés profundo—. No sé que haremos, ella… no creo que acepte, lo siento demasiado…

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