Fabiola se apresuró torpemente a agarrar una toalla junto a la cama y la usó para tapar la boca de Elián, quien intentaba hablar sin cesar.
Era la primera vez que se enfrentaba a una situación como esta.
Había llegado al límite después de lidiar con todo hasta ahora.
Justo en ese momento, alguien llamó a la puerta. Nerviosa y temblorosa, Fabiola no sabía cómo reaccionar completamente.
Sin embargo, una voz familiar resonó desde afuera: —Fabiola, soy yo.
Fabiola sintió un escalofrío recorriendo su