El agudo zumbido del teléfono trajo a Fabiola de vuelta a su sensatez.
Empujó suavemente a Benedicto a un lado, jadeando pesadamente: —Es... es el teléfono, debe ser una llamada de Patricia.
Dicho esto, sin pensarlo dos veces, contestó con ansiedad: —Patricia.
—¡Uf! Contestaste el teléfono, casi muero de preocupación, ¿cómo estás? Ese viejo tonto no te molestó, ¿verdad?
Fabiola no se atrevía a mirar a Benedicto detrás de ella: —No, ya me fui.
—Me alegra que te hayas ido, espera un momento— Patri