Fabiola llegó a su apartamento y, al salir del ascensor, fue recibida por un hedor abrumador.
La puerta del apartamento estaba cubierta de excremento y en la pared, escritas con pintura, había unas letras grandes que decían: Hija Malvada.
El líquido de los huevos rotos fluía a través de las grietas de los ladrillos.
El personal de la propiedad estaba esperándola en la puerta.
Al ver llegar a Fabiola, se acercaron tapándose la nariz: —Señorita Salinas, la policía fue a la oficina a revisar las cá