—Hola—. Caminé hacia él y puse mi brazo alrededor de su cuello sólo para aumentar la tensión. —¿Otra vez no te gusta mi actuación?
Pero nada cambió en su expresión facial. Permaneció en silencio y con los ojos fijos en mí. Esto es peligroso, Elena. Le has hecho enfadar.
—Oh, nunca te ha gustado mi actuación—. Hice un mohín de decepción.
Zamir suspiró y perdió un poco la calma.
—Siempre me han encantado tus actuaciones, Elena—. Afirmó, roncamente. —Nunca jamás las he odiado.
—¿Entonces qué pas