—Ésa era la única manera de que te dieras cuenta de tu idiotez en aquel momento. Lo rechazaste todo e incluso nos diste la espalda sólo por ese chico.
—Entonces, ¿lo chantajeaste o algo así para que me dejara?
Papá tragó saliva y evitó un contacto visual. —Nunca haría tal cosa.
—Papá…
—Dejarlo fue la decisión más sabía que tomaste, Talia. Y ahora mírate, dónde estás ahora. Exitosa. Poderosa y ahora sabes cómo funciona el mundo real—. Papá sermoneó. —Nos disteis la espalda cuando os enamorasteis