—Duerme ahora. No quiero hacerte nada si estás borracho. Nos quiero a los dos con la mente despejada cuando hagamos el amor una vez más—. Besó mi frente una y otra vez. Plantando uno luego alrededor de mi cara. —Mañana seguro que me gritas maldiciones por hacer esto.
Me sentí sola al oír eso. —No lo creo—, salió como un susurro.
—Lo harás, Gatita—. Luis susurró. —Un día, Talia. Te explicaré todo por qué terminamos así. Cuando llegue el momento adecuado. Te lo contaré todo y no me dejaré ni una