—Buenos días—. La sonrisa en su cara no se puede medir. —Todavía es temprano, deberías haber dormido más.
Yo estaba transfiriendo el panqueque en el plato mientras luchaba contra el impulso de sonreír a cambio. Las mariposas en mi estómago se están volviendo locas y sólo quiero chillar. Realmente extrañaba momentos como este más que nada. —Hora del desayuno. Todavía tienes fiebre así que hoy no vayas a trabajar.
Luis sonríe y se sienta en el taburete. —Sí, señora—. Juguetonamente pone acento de