3 años después...
—Cálmate, tonto—. siseó Zamir a Mario, que se paseaba de un lado a otro de la sala de partos.
Silvestre dejó escapar un áspero suspiro y se revolvió el pelo.
—Les daré una puta paliza a esos médicos cuando tenga la oportunidad de verlos. No me dejarán entrar para estar con mi mujer mientras da a luz.
—Es mejor que te quedes aquí que estar allí dentro. Conociéndote, sobreactuarás en cuanto el médico toque a tu Amalia—. afirmó Ryan, apoyando la espalda contra las blancas parede