Grando permaneció al lado de Ayla.
Él intentaba convencerla de regresar a Asiria, ella se negaba a la idea.
—No voy a escaparme, entiéndelo, quiero que mi hijo crezca aquí —dijo ella.
Grando, estaba sentado en un sillón mirando hacia la calle, tenía a su ahijado en brazos, se pone de pie, miró al cielo y dijo. —Esta noche habrá una luna de sangre.
Ayla, estaba preparando la mesa para cenar y dijo. —En verdad no me importa. Llevamos cuarenta días sin noticias de Bledd. No tengo intenciones ni ga