Mis heridas no eran tan graves como Holden y Tanner decían. A decir verdad no me sentía adolorida porque un hado oscuro me dominaba el corazón y el alma, haciendo que no sintiera ninguna dolencia física. Solo podía sentir el deseo de vengarme, de provocar destrucción y la muerte en mis manos, de que la sangre corriera por mis dedos mientras la vida se iba de aquellos que tanto detestaba.
Los golpes en mi cuerpo curarían con el paso de los días, la herida en mi vientre sanaría en unas cuantas se