Blair
Desperté desorientada, adolorida y sin fuerzas siquiera para mantener los ojos abiertos ante la luz que golpeaba mi cara como un rayo. Quería saber dónde estaba y por qué me sentía de esa forma tan extraña, pero no podía distinguir todo lo que me rodeaba, así como tampoco podía descifrar los ruidos y las voces.
Cerré los ojos con fuerza ante la luz cegadora y sentí que tomaban mi mano y me daban un firme apretón. El contacto era cálido, tierno y demasiado conocido, no obstante, seguía sin