—¿Eres feliz?
La pregunta, en un momento donde Tanner besaba mi espalda desnuda y sus manos se desplazaban de mis senos hasta mi vientre bajo, me sacó por completo del trance en que sus caricias suaves y ardientes me tenían.
Escuché su risita ronca chocar contra mi piel y me estremecí, tomando una honda bocanada de aire.
—¿No piensas responderme, amor? —susurró, guiando su mano derecha por mi vientre hacia el centro de mis palpitaciones y humedad—. Quiero saberlo.
—Soy demasiado feliz…
—¿Te enc