BLAIR
Abrí los ojos intentando levantar la cabeza, pero la pesadez no me permitía más que emitir leves murmuraciones y moverme con lentitud. No sé cuánto tiempo había estado inconsciente, pero fue suficiente para que esos malditos italianos se tomaran el tiempo de amarrarme.
Moví la cabeza a un lado y me percaté de que todo seguía igual; la misma oscuridad, el mismo frío calando mi ser, la misma silla a pocos centímetros de mí y mi ropa hecha trizas desperdigada por el suelo. Miré mi cuerpo y a