Iris
Con mi tía hablando sin parar, como si no tuviera la más mínima intención de irse, y con los dedos de Roy aún jugando dentro de mi vagina, mis piernas tambalean a punto de caer, al mismo tiempo que bloqueo mis gemidos con las pocas fuerzas que me quedan.
—¿Hoy no tenías que ir a la central? ¿No se te está haciendo tarde? —grita interrumpiendo a su madre, luego de ver mis gestos de sufrimiento.
Sin dejar de moverse, él sigue disfrutando de la escena y del peligro, mientras que yo estoy