Iris
Tal y como me lo propuse, hice mi mayor esfuerzo por olvidarme de él, y aunque en un principio la idea pareció fácil, cada una de las veinticuatro horas del día eran una tortuosa agonía; el tiempo pasaba más lento de lo normal, más aún cuando tenía que cumplir con mi jornada laboral.
Siempre que mi guardia bajaba y sin darme cuenta, me encontraba frente aquella pequeña habitación de la biblioteca, reviviendo una y otra vez esos adictivos recuerdos, de cuando nuestros cuerpos se dieron plac