Francine se despertó después del despertador, algo que no pasaba desde… bueno, tal vez desde que se mudó a la mansión.
Se estiró con gusto, saltó de la cama de un solo movimiento y fue directo a abrir el armario.
Hoy no era empleada, ni pasante, ni ex de un golpista: era personal stylist de Malu, en misión especial por el centro de la ciudad.
Mientras se cepillaba los dientes, ya armaba el itinerario mental: la tienda de bolsos con liquidación relámpago, el brechó con piezas que gritaban “París