Ella soltó un suspiro impaciente, cruzándose de brazos.
— Por suerte para ti, no me dio tiempo de escribir nada.
Los ojos de él recorrieron cada centímetro de su rostro, como si intentara medir hasta dónde podía llegar.
— Deberías confiar más en mí.
Ella arqueó una ceja, casi riéndose de la ironía.
— Y tú deberías fingir que no existo. Como siempre fue.
No esperó respuesta.
Giró el rostro y siguió caminando, sus pasos resonando en el pasillo mientras él quedaba allí, quieto, con sus palabras fl