La semana pasó despacio, como si les diera tiempo a Malu y Cassio para conocerse mejor.
El domingo, Malu estaba acurrucada en el sofá, con las piernas dobladas bajo el cuerpo y la cabeza apoyada en el hombro de Cassio.
Él, por su parte, tenía un brazo relajado alrededor de ella, con los dedos dibujando movimientos distraídos sobre la piel de su brazo, como si quisiera memorizar ese instante.
Malu soltó un suspiro satisfecho.
—Si todas las semanas fueran así, yo firmaba —comentó, sin apartar la