El ascensor subía despacio, iluminado por esa luz suave que volvía todo más íntimo de lo necesario.
Malu mantenía la mirada fija en el panel, intentando no parecer tan nerviosa… y fracasando miserablemente.
Cassio, detrás de ella, se apoyó en la pared de acero pulido y la atrajo por la cintura, encajando su cuerpo contra el suyo como si fueran piezas del mismo molde.
Sus manos se entrelazaron con las de ella con firmeza, como sellando en silencio un pacto.
Un pacto de “nosotros dos, ahora”.
Cua