Por la noche, tal como había prometido, Cassio pasó por el apartamento de Malu solo para recogerla y salir a cenar.
Mientras Malu se arreglaba, él esperaba en la sala, jugueteando con su reloj, inquieto, claramente ansioso por contar cómo había terminado el almuerzo.
Desde el cuarto, la voz de ella se escuchó:
—¿Tenemos código de vestimenta hoy?
—Puedes ponerte lo que quieras —respondió él, sin pensarlo dos veces.
Malu abrió apenas la puerta, aún envuelta en la toalla, solo para echar un vistaz