Cassio se quedó completamente inmóvil.
Sus ojos se oscurecieron. La respiración se le detuvo. La mandíbula se tensó como si hubiera recibido un golpe invisible.
Primero, silencio.
Después, un suspiro pesado, derrotado, como quien se da cuenta de que ya no tiene a dónde huir.
Por último, se pasó la mano por el rostro y respondió, en voz baja:
—Bianca es mi pasado, Malu. Solo eso.
Ella arqueó una ceja, sin mostrar compasión.
—No pareció. —dijo, firme—. Por teléfono, parecías más preocupado por el