El avión en el que viajaba Dorian aterrizó en Guarulhos antes de que saliera el sol.
Bajó del avión con el celular ya en la mano, el rostro tenso, el saco olvidado sobre el hombro.
El equipo de seguridad de Villeneuve Corp ya lo esperaba en la pista: tres hombres de traje y miradas cansadas, porque nadie había dormido bien desde la noticia del secuestro.
—El auto está listo, señor —anunció uno de ellos.
Dorian solo asintió y entró.
El trayecto hasta el edificio del departamento de seguridad fue