El vapor del café subía lentamente de la taza de porcelana, esparciendo un aroma dulce que no combinaba en absoluto con la mirada fría de Natan.
Estaba sentado junto a la ventana, observando el movimiento de la calle con el mismo tedio de quien contempla un mundo que ya no le pertenece.
En la televisión de la cafetería, un programa matutino animaba la mañana.
De vez en cuando, Natan miraba la pantalla, registraba algo y volvía a fijarse en el tráfico urbano.
El presentador comentaba sobre las n