Francine suspiró, relajando los hombros.
—Te juro que pensé que estaba soñando cuando te vi allí.
—Y yo creí que estaba alucinando —respondió él, con media sonrisa—. Creo que el universo decidió darnos una tregua.
Ella rió, y él pasó el brazo por su cintura.
—Vamos al hotel —dijo en voz baja—. Quiero aprovechar este tiempo antes de que el universo cambie de opinión.
El auto se deslizó suavemente por las calles iluminadas de Viena, mientras el silencio cómodo entre ambos solo era interrumpido po