El chocolate se derretía lentamente en la boca de Francine mientras observaba a Malu saborear el segundo bombón con la misma expresión de quien fingía no estar disfrutándolo.
—¿Ves? —provocó Francine, empujando a su amiga con el pie—. Este sí es el verdadero postre de campeonas.
—Campeonas y desocupadas —respondió Malu, con la boca llena, riendo—. Si tu agente nos viera almorzando el triple de nuestro peso en azúcar, le daría un infarto.
Francine apoyó el mentón en las manos, los ojos brillando