El ambiente en la mesa estaba más espeso que el aire caliente que llegaba desde la cocina.
El perfume caro de Eleonor se mezclaba con el aroma de la comida, y Francine sentía cada bocado atorado en la garganta.
Eleonor, con su sonrisa impecable y una voz demasiado dulce, conducía el almuerzo como si dirigiera una orquesta, y cada palabra era una nota de provocación.
—Espero que estén disfrutando del almuerzo —dijo, inclinándose con elegancia—. Me aseguré de pedir algo sencillo… imaginé que quiz