A la mañana siguiente, Francine volvió al café como si nada hubiera ocurrido durante el fin de semana.
Los vestidos glamorosos, los flashes y las miradas del desfile ahora parecían tan lejanos como un sueño.
En su lugar estaba el uniforme sencillo, el delantal atado a la cintura y la bandeja equilibrada con cuidado entre las mesas llenas.
Pero, a diferencia de antes, llevaba un brillo discreto en los ojos, como si hubiera descubierto que podía ser más que eso, sin dejar de ser quien era.
Cada c