Mundo ficciónIniciar sesiónNatan Ferraz apenas podía creer lo que estaba a punto de hacer.
Sentado frente a la prensa, con los ojos entrecerrados y el mentón en alto, respiró hondo antes de iniciar su declaración pública.
Por fuera, mantenía la postura firme de un empresario respetado; por dentro, cada músculo de su cuerpo suplicaba por estallar.
El periodista más cercano ajustó el micrófono frente a él.
Los flashes de las cámaras estallaban sin parar, cada clic sonando como un martillazo en su cabeza.
— Buenas tardes a todos — comenzó Natan, con la voz grave y controlada. — Por respeto a las víctimas de violencia, consideré importante sacar a







