127. El mal
Penelope
El viento helado me golpea el rostro, trayendo consigo un aroma metálico que hace que mi estómago se revuelva. No hay tiempo para pensar en ello. Mi corazón late con fuerza, y mis pies se mueven rápidamente sobre el suelo del bosque mientras las sombras se ciernen a nuestro alrededor. Los árboles susurran advertencias que apenas logro entender, pero algo está mal, muy mal.
—Margaret, debemos alertar a todos —la voz de Sofía, mi amiga y compañera de batallas, suena urgente a mi lado. Su