115. El alfa
Penelope
El sol apenas asoma sobre el horizonte, sus primeros rayos tiñendo de dorado el paisaje que se extiende frente a mí. Estoy sentada en la parte trasera de un auto, con Tarkín y Bruno a mi lado.
Mis pensamientos son un revoltijo de preguntas sin respuesta, cada una más confusa que la anterior. El suave vaivén del vehiculo debería ser relajante, pero no puedo dejar de sentir una inquietud constante. Me siento perdida en un mundo que no reconozco, sin memoria ni identidad.
—¿Dónde estamos?