Capítulo 29. El Reclamo del CEO
El olor a antiséptico y el zumbido constante de las máquinas de la clínica privada eran una tortura para los nervios de Aslan. Se había despojado del saco del esmoquin y tenía las mangas de la camisa blanca remangadas hasta los codos. Caminaba de un lado a otro del pasillo como un depredador enjaulado.
Cuando el doctor Katsaros salió finalmente de la habitación de observación, Aslan se plantó frente a él antes de que el hombre pudiera siquiera quitarse el gorro y el tapabocas.
—Dígame que están