Capítulo 147. Sótano y niebla
En la cabaña, el silencio no duró mucho. El efecto de las hierbas amargas apenas había comenzado a sumergir a Livia en un sopor reparador cuando un estallido de ladridos secos, furiosos y desesperados la trajo de vuelta a la superficie. Afuera, los perros de Barnaby arañaban la tierra fangosa, emitiendo gruñidos bajos que erizaron la piel de la muchacha.
Barnaby, que limpiaba el cañón de su rifle con un trapo aceitado, se tensó al instante. Dejó el arma sobre las rodillas y apagó de un soplido