Capítulo 146. Un calcetín blanco en el fango
El teléfono dio un solo tono antes de que la línea se conectara. Al otro lado, el ruido de fondo era infernal: un viento huracanado, ladridos lejanos de perros y el rugido constante de agua en movimiento indicaban que Aslan seguía en la zona.
—¡Alistair! ¡No tengo tiempo ahora! —disparó Aslan. Su voz era un despojo de desesperación y furia salvaje, el tono de un hombre que estaba perdiendo la cordura centímetro a centímetro.
—¡Aslan, escúchame bien! ¡Tienes que escucharme ahora mismo! —gritó Al