Capítulo 140. La furia del monstruo
El gran salón de la mansión oculta en el bosque permanecía en una penumbra sepulcral, devorado por las sombras que se estiraban desde las esquinas. La única fuente de luz provenía del fuego crepitante de la chimenea, cuyas lenguas naranjas proyectaban siluetas distorsionadas sobre las imponentes paredes de mármol negro y las costosas obras de arte clásico que decoraban el lugar. El ambiente apestaba a tensión contenida, a esa calma densa que precede a las peores tormentas.
Varkas, de espaldas a