Capítulo 139. El murmullo del agua
El haz de luz de una linterna barrió la copa del pino justo sobre su cabeza, tiñendo las agujas de las ramas de un blanco fantasmal. El sonido de la hojarasca triturada bajo unas botas pesadas ya no dejaba margen de error: estaban a menos de diez metros.
Livia miró el abismo negro de la zanja. No había tiempo para retroceder, ni fuerzas para correr. Agachándose lo más que el dolor de su tobillo se lo permitió, buscó con la mano libre un borde, una raíz, cualquier relieve en la tierra húmeda. En