Capítulo 128. Sexto sentido
La luz del amanecer no trajo la calidez habitual. El sol se filtraba por los inmensos ventanales de la cocina, iluminando las motas de polvo que flotaban en el aire y el vapor que subía de la taza de café negro que Aslan sostenía entre sus manos.
Aslan no se había quitado la ropa del día anterior. Su camisa estaba arrugada y sus ojos, ojerosos por la falta de sueño, estaban fijos en algún punto a través del cristal. El sonido de unas zapatillas suaves contra el mármol rompió el silencio sepulc