Punto de vista de Aidan
Me acerqué a Madame Blanche de manera lenta, la mujer se pegó tanto al respaldo del sillón que parecía querer hundirse en él, en sus ojos pude ver miedo, el mismo miedo que había en mí cuando ella me castigaba, ella mejor que nadie me conocía bien. Sabía perfectamente en qué clase de hombre me había convertido gracias a sus torturas.
—Aidan, ya basta, contrólate —gritó mi madre, pero ni siquiera me molesté en voltear a verla.
Me detuve cerca de la institutriz, me agaché