Punto de vista de Aidan
Sun entreabrió los labios como para protestar, pero no lo hizo. Le quité la carpeta de las manos y la arrojé sobre la mesa, antes de que pudiera quejarse, la tomé por la cintura, la levanté un poco y la senté sobre el borde de la mesa.
Ella soltó un jadeo de sorpresa, abriendo los labios de nuevo. Aproveché ese segundo para inclinarme y besarla.
Ella gimió, pero no se apartó, sus manos subieron hasta mi cuello, enredando sus dedos en mi cabello, tirándome más hacia ella.