95• Una amenaza para nosotros.
Richard entrelazó sus dedos con los míos con una suavidad que, sin embargo, escondía una urgencia silenciosa. Como si necesitara aferrarse a algo —a alguien— antes de abrir una puerta que llevaba años cerrada. Sus manos estaban tibias, pero las sentí tensarse apenas. Levanté la vista hacia él justo cuando inhaló hondo, el pecho expandiéndose como si buscara valor en el aire mismo. Sus ojos encontraron los míos; había determinación ahí, sí, pero también un miedo profundo, íntimo, que rara vez de