95• Una amenaza para nosotros.
Richard entrelazó sus dedos con los míos con una suavidad que, sin embargo, escondía una urgencia silenciosa. Como si necesitara aferrarse a algo —a alguien— antes de abrir una puerta que llevaba años cerrada. Sus manos estaban tibias, pero las sentí tensarse apenas. Levanté la vista hacia él justo cuando inhaló hondo, el pecho expandiéndose como si buscara valor en el aire mismo. Sus ojos encontraron los míos; había determinación ahí, sí, pero también un miedo profundo, íntimo, que rara vez dejaba ver.
Algo en su expresión me obligó a enderezarme un poco sobre la camilla, ignorando el cansancio que todavía pesaba sobre mi cuerpo. Era como si mi corazón supiera que lo que venía no era algo pequeño.
—Nora… —empezó, y mi nombre en su voz sonó casi frágil—. Hay cosas de mi pasado que nunca pensé que tendría que decir en voz alta. Cosas que preferí dejar donde estaban… pero ahora no tengo opción.
Su mirada se desvió por un instante hacia nuestras manos unidas, como si buscara ahí la fuerz