90• Hasta luego, Nora.

Desperté de golpe, con las mejillas húmedas y un nudo cálido en la garganta. No estaba llorando de tristeza… era todo lo contrario. Era como si algo en mí hubiera sido devuelto, como si una parte perdida hubiese vuelto a tocarme el alma. Mi pecho subía y bajaba rápido, aún tembloroso por la intensidad del sueño.

Escuché pasos y, un segundo después, Richard salió del clóset ajustándose el reloj. Apenas me vio incorporada y llorando, su expresión cambió por completo; frunció el ceño, cruzó la hab
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