51• Solo nosotros tres.
Guardó silencio. Pude imaginarlo apretando la mandíbula, igual que hacía cuando algo no le gustaba.
—Tienes razón —dijo finalmente, en un tono más bajo—. No lo sé. Pero sé cómo mira ese tipo, Nora. Y sé que no hace nada sin un propósito. Solo… ten cuidado, ¿de acuerdo?
—Lo tendré —murmuré.
—Prométemelo.
—Lo prometo.
Su voz cambió entonces, bajó el tono, casi como si no pudiera evitarlo.
—No me gusta pensar en ti… viviendo con él.
Mi corazón dio un pequeño salto.
—Rupert…
—Olvídalo —interrumpió