25• Me van más las morenas.
Suspiré, intentando recomponerme mientras cruzaba el umbral de la consulta. Mis pasos eran cuidadosos, más por el vientre que por la distancia entre nosotros. Al llegar, lo único que salió de mis labios fue un susurro medido:
—Lo siento por la tardanza…
Richard, sentado cerca de la doctora Harper, dejó de reír por un instante y me miró, impenetrable, sin decir palabra. Por un segundo, sentí cómo mi pecho se contraía.
Harper, notando la tensión y fijando su vista en Richard, sonrió.
—No te preoc